Los protocolos o manuales de secretarias indican las características que deben tener quienes se encuentran detrás del escritorio o del mostrador, y que por lo tanto dan la primera imagen de lo que puede ser una empresa. En el tope de la lista figura la buena presencia. Algunas reglas de etiqueta indican que en la medida de lo posible deben lucir atractivas, aunque lo adecuado sería que no lleven vestuarios llamativos o extravagantes. Quizás por la abundancia de requerimientos, sus outfits se han estereotipado y hasta en las caricaturas las vemos impecables con faldas estrechas (las tubo o las lápiz hasta la rodilla son las más elegidas), un tailleur al cuerpo, una camisa volátil que invita a la imaginación y -por supuesto- los tacos altos. El peinado recogido, el maquillaje impecable y los infaltables anteojos. Ese patrón de estilo es fácil encontrarlo en la realidad, aunque siempre hay excepciones. En una oportunidad, una amiga secretaria me dijo: "¿sabés cuántos escalones subo todos los días con mis tacos aguja y con una pila pesada de archivos en las manos? Hacemos malabares". De todas formas un día se cayó por esas escaleras de mármol y volaron los papeles por la entrada del palacio gubernamental. "Me caí, pero el glamour no se pierde", destacó entre risas.